Una ferretería no es nada sin sus clientes
16 jun

Una ferretería no es nada sin sus clientes

Cada día es más necesario saber que el cliente es lo más importante. Y que la actividad comercial de nuestra tienda debe estar dirigida solo a satisfacer sus necesidades de compra actual y futura. Tenemos que mentalizarnos que el cliente es el centro y el porqué de nuestra actividad. Los establecimientos que no tengan claro este concepto verán reducidas sus ventas. Un aspecto tan básico y elemental no se tiene presente en muchos puntos de venta que consideran al cliente como algo más del establecimiento.
El cliente es el eje de todo lo que sucede y por qué sucede en nuestro establecimiento. Una ferretería o bricolaje no sería nada sin sus clientes. El punto de venta debe ser el que se adapte a las necesidades de los clientes y no al contrario. Las pocas ganas que se pueden observar en más de un punto de venta hace que el cliente opte por ir a otro establecimiento que le ofrezca esta sensación de atención y preocupación por sus necesidades.

El cliente elige

El cliente paga por un producto, pero también por el entorno del punto de venta y las prestaciones que acompañan la compra. Trasladar una imagen de preocupación por el cliente y poder estar a su entera disposición son mensajes que no todos los establecimientos transmiten a los clientes. Por este motivo, el cliente tiene la potestad de elegir dónde quiere gastar su dinero y lo que quiere recibir a cambio por el importe que paga en ese punto de venta. Hacer que vuelvan los clientes es más importante que una primera venta. Una primera venta puede ser casual, pero una segunda, no. El cliente se acuerda del establecimiento y se crea una relación entre el cliente y el punto de venta que ve cubiertas sus necesidades.
Es muy importante invertir tiempo en la atención del cliente. La diferencia entre un punto de venta de autoservicio o de venta asistida no es mucha, en lo que respecta a la atención al cliente. En una versión el cliente pregunta cuando tiene una duda y en la otra, le atiende directamente en el mostrador. Hay que generar ideas nuevas y renovadas para complacer las necesidades del cliente constantemente. No sirve tener una idea original de vez en cuando o disponer de una oferta muy interesante esporádicamente, sino que debemos potenciar la regularidad.
Las ofertas deben ser constantes, las demostraciones, las promociones, etc. debemos transmitir en todo momento una sensación de movimiento: en productos, en ofertas, en cambio de ubicaciones, en su rotulación, etc., pero siempre ofrecer algo nuevo que interese al cliente. Todo el entorno y su contenido deben estar pensados única y exclusivamente en satisfacer a nuestros clientes, siendo una obligación el cubrir la totalidad de sus necesidades.

Más que cubrir necesidades

Nuestros clientes solo quieren cubrir sus necesidades y, si en la visita al establecimiento se les aporta alguna idea o se les presenta alguna oferta interesante y se genera una venta impulsiva, debemos de potenciarlo. Debemos ofrecer la experiencia de que “comprar sea algo más que cubrir las necesidades” de los clientes. Ha de transformarse en una experiencia de sensaciones, que el punto de venta aporta en todo momento al comprador, ofreciéndole ideas e inputs sobre decoración, menaje, bricolaje, electricidad, etc. Todo ello acompañado de una prescripción profesional y una atención siempre especial que requiere el cliente. No todos los clientes son iguales, pero todos tienen un denominador común: son “clientes” y, cuando hablamos de clientes, no hay nada más importante para un punto de venta que tener clientes.
La vocación de servicio debe ser recuperada, ya que es necesaria para poder diferenciarse del resto de establecimientos que ofrecen el mismo producto, con un precio similar. La clave está en diferenciarse y poder captar el interés del cliente, ofreciéndole algo distinto y una atención esmerada, así como un servicio especial que valora positivamente el cliente y lo fideliza hacia este establecimiento. No podemos ver nuestro establecimiento como un elemento inmóvil, debe ser dinámico, cambiante, innovador, ya que nuestro cliente quiere ver cosas distintas en sus visitas al establecimiento y no podemos defraudarle con una monotonía constante y permanente que no motiva ni aporta más ventas y, lo que es peor, no genera confianza para poder fidelizarle.

Fuente: http://ferreteria-y-bricolaje.cdecomunicacion.es/reportajes/13401/una-ferreteria-no-es-nada-sin-sus-clientes

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